Adrián.

Tu provocación sobre la nota de Tomás Eloy Martínez ha causado en mi el debido resultado por lo que me gustaría hacer la siguiente reflexión, que dejo abierta para el debate y el aporte.

Todo sistema político debería buscar la gobernabilidad, es decir, el equilibrio entre las demandas de la sociedad y las respuestas que da el sistema político a esas demandas.

Por su parte, los actores del sistema (que no son solo los políticos), deberían buscar ese equilibrio con su accionar, y para ello se deben comunicar entre sí, respetando las reglas de juego formales e informales que existen. El respeto a esas reglas es el respeto a las instituciones y sirve para que la actuación de todos sea previsible y llegue a un resultado satisfactorio.

Si se actúa sin respetar las reglas o instituciones será más difícil llegar a obtener un mejor resultado para el equilibrio del sistema, ya que se bajan los estándares de cumplimiento de las mismas, y las instituciones se debilitan.

Si alguien quiere “jugar sucio” porque eso “paga más” en su interés de “ganar el juego”, debemos saber que termina afectando a la gobernabilidad porque no se logra el equilibrio. En consecuencia, es una puesta en riesgo a la democracia misma, que se cuestionará como causa del problema de la falta de equilibrio entre demandas y respuestas.

La democracia y el sistema republicano, van de la mano en este aspecto.

La falta equilibrio o gobernabilidad, da pie a la aparición de líderes “decisionistas”, que se posicionan como solucionadores enérgicos de los problemas sociales, ya que ofrecen soluciones rápidas basadas en sus “deseos” de generar cambios. Como el cumplimiento de las instituciones le impide el logro de sus “deseos”, trata de dejarlas de lado. Esto genera un sistema que es un círculo vicioso. A más decisionismo, menos instituciones, más riesgo de desequilibrio.

Respetando y fortaleciendo las instituciones, existen más garantías de que los actores logren el equilibrio del sistema político. En nuestra región basta con ver el comportamiento de países como Chile, Brasil o Uruguay, y por otro lado el de Venezuela, Bolivia y Ecuador.

Desde que en nuestro país aparecieron líderes decisionistas que arrasaron con todo, se vio afectada la democracia y la república, empobreciéndonos todos cada vez más, y alejándonos del mundo civilizado y avanzado.

Gran parte de las soluciones, pasa por el respeto a la Constitución Nacional y por la participación de la sociedad en la “cosa pública”, para que la política deje de ser de los “profesionales” y sea más de la gente. Cuando la respetamos, nos fue muy bien como país, y cuando dejamos de hacerlo, empezó la decadencia.

Es una simple reflexión y un humilde aporte muy puntual sobre una parte de los aspectos que toca el autor de la nota.    

Acerca de Carlos

Soy abogado, profesor universitario y actualmente ocupo el cargo de Senador Provincial en la Legislatura de Mendoza. Presido el bloque desde 2007.
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