La semana pasada el Partido Demócrata se sorprendió por una publicación periodística que tenía un contenido totalmente falso. El clásico “pescado podrido” que alguien le vende a un periodista que es afectado en su buena fe.
Dos afiliadas a nuestra agrupación política “inventaron la noticia”, vaya a saber con qué fines, y la entregaron a un periodista que cumplió con su función de comunicar lo que una fuente le contó.
Estas falsedades afectan al Partido Demócrata, y me tocan en lo personal como presidente del Bloque de Senadores en la Legislatura. No estoy dispuesto a tolerar golpes bajos ni métodos infames que desprestigian por igual a quienes abrazamos la cosa pública con una sola intención: realizar aportes para mejorar la vida de nuestro pueblo.
Claro que el invento fue tan burdo que cayó por su propio peso, y fue tan parcial el relato efectuado por “las fuentes” que la autoría intelectual sale a la luz con el solo hecho de leer la nota periodística.
Pretender que un partido político está actuando en la dirección de colocar a uno de sus afiliados en la Suprema Corte de Justicia de Mendoza mencionando un supuesto candidato que ha superado la edad que fija nuestra Constitución Provincial para ser integrante de la misma, es de una torpeza supina.
Intentar afectar la integridad de quien fue un gran Fiscal de Estado, y que hoy prestigia el Senado de la Provincia ocupando una de sus bancas, atribuyéndole intenciones de retomar su antiguo cargo, es inaceptable.
Por eso impulsaré en el seno del Partido Demócrata una investigación para que se determine la responsabilidad de quienes instigaron y urdieron esta “operación de prensa”, ya que la misma ha causado un grave daño a la agrupación que integro. Indicar falsamente que se está detrás de colocar a dos afiliados del partido en cargos públicos solo tiene el objetivo de perjudicar a la agrupación o a quienes la representamos en la Cámara de Senadores de la Provincia.
Los partidos políticos deben representar al pueblo, y ser los canales de participación y representación de la ciudadanía. Pero antes, deberán recuperar su credibilidad; algo que no se logrará en tanto las personas que los integran incurran en bajezas como la mencionada en estas líneas.







Miente, miente, que algo quedará.
Mientras los periodistas sigan sin tener que hacerse cargo de lo que dicen, mentir para tratar de ensuciar a alguién es fácil porque no tiene nada que perder.
Obviamente cuando se les plantea esto lo confunden con censura y empiezan a patalear. Depues de todo ¿a quién no le gustaría tener un negocio de riesgo cero?
Alfredo. En este caso el “miente, miente” fue originado desde adentro. Le contaron una mentira al periodista y este la publicó. Seguramente debió corroborarla, pero si alguien supuestamente informado le cuenta algo, puede confiar en que es verdad. Voy a plantear que al menos el PD investigue a sus afiliadas.