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Haber concurrido a la Universidad de Harvard becado por la Fundación Red de Acción Política, que integro hace algunos años, me ha permitido confirmar no sólo por dónde pasa hoy el mundo actual, sino también, cual es el camino que debemos emprender para poder reencontrarnos con él y desarrollarnos como nación, interactuando dentro y no fuera de un sistema que se mueve a una velocidad asombrosa.

En Boston se inspiró Sarmiento hace 150 años para emprender una obra que fue monumental para la Argentina, logrando integrar al mundo aquel a millones de habitantes que, con la educación recibida, pudieron contar con herramientas personales y colectivas que nos permitieron luego desarrollarnos y crecer durante décadas hasta llegar a ser una de las naciones más ricas de la tierra.



Los argentinos creemos que estamos ubicados en el centro del mundo y que todo debería funcionar de acuerdo con tal idea. Pensamos que estamos en condiciones de fijar unilateralmente criterios de comportamiento. Así es como hemos venido chocando contra paredes de todo tipo y, por supuesto, responsabilizando al otro cuando la realidad  se impone, lo cual, lógicamente, siempre impedirá la consecución  de  los objetivos fijados.

Haber concurrido a la Universidad de Harvard becado por la Fundación Red de Acción Política, que integro hace algunos años, me ha permitido confirmar no sólo por dónde pasa hoy el mundo actual, sino también, cual es el camino que debemos emprender para poder reencontrarnos con él y desarrollarnos como nación, interactuando dentro y no fuera de un sistema que se mueve a una velocidad asombrosa.

En Boston se inspiró Sarmiento hace 150 años para emprender una obra que fue monumental para la Argentina, logrando integrar al mundo aquel a millones de habitantes que, con la educación recibida, pudieron contar con herramientas personales y colectivas que nos permitieron luego desarrollarnos y crecer durante décadas hasta llegar a ser una de las naciones más ricas de la tierra.

Allá pude advertir que no nos hacen falta “recetas” que se ofrezcan o que “debamos comprar” para poder integrarnos al mundo en este siglo, sino que existen formas de trabajar y de vincularse para pertenecer y “ser parte”. En Harvard, al igual que en otros centros académicos, esto es muy patente, y se respira. En su propio escudo se explicita que la “verdad” se encuentra en tres libros y no en uno solo, lo que habla a las claras de que las soluciones a los problemas debemos buscarlas en distintos lugares, respetando las diversas fuentes del conocimiento y de las ideas.

Nadie nos va a decir qué hacer. De hecho debemos responsabilizarnos de lo bueno y de lo malo que hemos venido haciendo. Pues somos nosotros mismos los que antes habíamos decidido vivir dentro del sistema y luego fuera del mismo, pagando graves consecuencias.

Las políticas que buscaban consensos y respetaban una “visión de país” fueron las que nos permitieron progresar, y luego las abandonamos enfocados en nuestras propias diferencias, que son muchas. El resultado fue encontrarnos con el  sub desarrollo.

Me permitió advertir que no solo debemos producir más, sino que debemos producir cosas distintas, más sofisticadas y que sean requeridas por el mundo; pues si seguimos produciendo más de lo mismo, el crecimiento tendrá un final. En cambio, si diversificamos nuestra oferta comercial, podremos superar los límites actuales. Para ello deberemos ser más competentes, eficientes y cumplidores.

Para especializarnos, debemos adquirir y fortalecer capacidades que permitan altos niveles de competitividad global, que le darán al país la posibilidad de progresar nuevamente.

Por eso, puertas adentro deberemos empezar por lo básico, buscando terminar definitivamente con   la desnutrición infantil, que impide a los niños pobres adquirir capacidades de aprendizaje y, consiguientemente, educación, siendo condenados desde la cuna a un embrutecimiento definitivo con las consecuencias que ello implica. Las escuelas deben formar a todos para que obtengamos resultados razonables comparados con otros países, achicando la brecha que hoy nos separa de los más desarrollados. Hay que detectar a los alumnos más destacados en las disciplinas vinculadas al comercio, y asegurarnos que lleguen bien lejos en la ruta del conocimiento en el mundo. Eso significaría para  Argentina reingresar con ventajas al proceso económico global.

El Estado debe ser capaz de permitir e impulsar que podamos adquirir esas capacidades, teniendo la reacción inteligente y rápida de destrabar los impedimentos que afectan las cadenas y redes de capacidades formadoras de crecimiento, desarrollo y progreso. Las ideas reemplazaron a la manufacturas y con innovación hay que ocupar los nichos que ofrece el mundo en tal sentido.

Logrado todo esto, recién entonces podríamos pretender alguna comparación con Sarmiento.

Acerca de Carlos

Soy abogado, profesor universitario y actualmente ocupo el cargo de Senador Provincial en la Legislatura de Mendoza. Presido el bloque desde 2007.
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