Mis principios

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Desde que me inicié en la actividad política he adherido a los principios establecidos en la Constitución Nacional, al mantenimiento y consolidación del régimen democrático, representativo, republicano y federal de Gobierno.

Considero a la Democracia Constitucional el sistema que integra una forma de gobierno y un estilo de vida con los valores y actitudes que esto implica. Creo en el respeto a la Ley y la defensa de los derechos humanos a través de un Poder Judicial independiente.

Sostengo que una democracia no puede existir sin consensos, sin pluralismo, sin diálogo, sin opositores, y sin la existencia de partidos políticos con líderes honestos y capaces.

Soy defensor de la organización federal del estado sobre la cual se concretó la unión nacional, y de las autonomías provinciales.

Para mí el objetivo fundamental y prioritario de la actividad pública es  el hombre, que es un fin en sí mismo y nunca un medio, y la familia, base de nuestra organización social.

Pienso que el Estado tiene como función esencial administrar los intereses generales sin perturbar ni reemplazar las actividades que desarrollen personas y organizaciones creadas voluntariamente, al margen de la actividad social. Debe, así mismo, defender a la sociedad en su conjunto, y no ponerse al servicio de sectores determinados.

Estoy convencido que los mayores esfuerzos  de la acción política deben ponerse en lograr  que los argentinos tengan el más alto nivel de educación y cultura.

Entiendo que  los trabajadores deben contar con el derecho verdaderamente asegurado, de elegir libremente la asociación a la que deseen incorporarse, o de no incorporarse a ninguna. En  mi opinión la unidad sindical no debe ser impuesta por ley, sino como resultado de la libre determinación de los trabajadores. La Constitución Nacional dice en el Art. 14 bis … ”Organización sindical libre y democrática…”

Considero que los temas  de la vejez, la niñez desvalida, las incapacidades, la enfermedad, la marginalidad y la exclusión social y económica,  no pueden ser ajenos a la preocupación y a la acción de los gobernantes.

En mi concepción,  la riqueza del país debe ser el resultado de la relación equilibrada y armónica del trabajo, el capital y la técnica, como también de una gestión inteligente, honesta y realista de las autoridades. Creo que los monopolios públicos o privados atentan contra la libre competencia, elevan los precios y detienen el progreso de nuevas tecnologías, y por eso el Estado debe combatirlos y eliminarlos.

Rechazo toda forma de violencia, porque entiendo que en una sociedad republicana  es el Estado quien debe  tener el monopolio de la fuerza legítima para combatir la delincuencia y proporcionar a la población un servicio de seguridad que garantice la integridad de las personas y de los bienes, siempre dentro del marco de la ley.

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