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Voy a rendir un merecido homenaje a Guillermo Brown, el marino irlandés que llegó al Río de la Plata en vísperas de la Revolución de Mayo, se convirtió en el primer almirante argentino, y en héroe nacional.

El almirante Guillermo Brown, nació el 22 de junio de 1777 en Foxford, Irlan­da. De muy chico perdió a su madre y con nueve años debió abandonar la tierra natal en Irlanda, para acompañar a su padre en busca de mejor fortuna. Emigró a Estado Unidos, y a los diez años quedó huérfano y solo en el puerto de Delaware. Comenzó a trabajar como grumete y al poco tiempo, comandaba un pequeño buque con bandera británica. A los 19 años, tenía patente de capitán mercante, por lo cual podemos decir que era un hombre sumamente capacitado para el mar.

Fue cautivo de Napoleón, y dos veces logró escapar de sus prisiones, soportó los temporales del cabo de Hornos, fue corsario en el Pacífico y con sus acciones promovió las ideas de libertad en El Callao y en Guayaquil.

Brown llegó al Río de la Plata a principios de octubre de 1811, y a Buenos Aires a principios de noviembre de ese año. Vendió al gobierno patriota sus pertrechos de guerra, con lo que adquirió una embarcación para constituirse en naviero del Plata.

La pérdida de su buque lo aferró a Buenos Aires. Eso lo afirmó aún más en su labor marinera mercante posterior, la que lo hizo conocedor del río.

Se convirtió en un militante de la causa de Mayo y fue nombrado comandante en jefe de la Escuadra de marzo de 1814, a partir de lo cual consagró su vida al servicio de su patria de adopción.

En marzo de 1814 tomó la Isla Martín García, que estaba en poder de los realistas y donde la flota española tenía depositado su arsenal.

Al año siguiente Posadas firmó el decreto por el que era designado Teniente Coronel y Jefe de la Escuadra. Aquel momento señalaba una hora decisiva en el glorioso destino de la Marina de Guerra Argentina, y de quien sería entonces y para siempre su Almirante Inmortal.

En 1815 emprende con la fragata “Hércules”, un crucero por aguas de Chile, Perú, Ecuador y Colombia, llevando las ideas de libertad de la Revolución de Mayo hasta aquellas regiones, convirtiéndose en precursor de la gesta libertadora que llevaría a cabo el General José de San Martín más tarde.

Comandó la Escuadra Argentina en 1814 que venció a las fuerzas realistas en Montevideo. Según San Martín la victoria de Brown en aguas de aquella plaza fue “lo más importante hecho por la Revolución Americana hasta el momento”.

En 1825, con el grado de Coronel de Ejército al servicio de la Marina del Gobierno de Buenos Aires, fue destinado al mando de la Escuadra Republicana de las Provincias Unidas del Río de la Plata, para participar en la guerra que las Provincias Unidas sostuvieron contra el Imperio del Brasil.

En esa oportunidad, comandó por segunda vez la Escuadra Argentina.

El pueblo de Buenos Aires se agolpó en la ribera, y presenció los combates, desproporcionados en poderío en nuestro perjuicio, lo que no inquietaba sobremanera. Bown le dijo a su tropa:

“Marinos y soldados de la República: ¿Veis esa gran montaña flotante? ¡Son los 31 buques enemigos! Pero no creáis que vuestro general abriga el menor recelo, pues no duda de vuestro valor y espera que imitaréis a la “25 de Mayo” que será echada a pique antes que rendida. Camaradas: confianza en la victoria, disciplina y tres vivas a la Patria!”

Momentos después la nave capitana de Brown dio aquella consigna inmortal: “Fuego rasante, que el pueblo nos contempla”.

Luego de un inteligente movimiento de barcos, y el apropiado disparo de cañones a las fuerzas enemigas, pudo verse, al despejarse el humo del combate, que la fuerza brasilera se retiraba. Brown ese día recibió del pueblo de Buenos Aires las pruebas más exaltadas de admiración y gratitud.

El bloqueo a que es sometido Buenos Aires por parte de las fuerzas inglesas y francesas cuyo comienzo data desde el año 1838 hace que el viejo Almirante vuelva al servicio activo. Comprendía que el pabellón celeste y blanco enfrentaba un peligro y él nuevamente estaba listo para defenderlo.

El 15 de agosto de 1842 el Almirante Brown en aguas del Río Paraná en Costa Brava, derrota a una fuerza naval riverista que era comandada nada menos que por el héroe italiano José Garibaldi. “Déjenlo escapar, ese gringo es un valiente” es la orden que Brown imparte a sus subordinados cuando pretendían perseguirlo para ultimarlo.

En lo personal pasó tremendas privaciones, lo perdió todo en manos de los británicos, cayó en la miseria, estuvo preso en Buenos Aires, intentó suicidarse y sobrevivió a la muerte de tres de sus cinco hijos.

Finalmente tuvo una vejez tranquila, retirado sin mayores aspiraciones en su modesta quinta de Barracas y fallece en 1857.

El gobierno decreta honras al ilustre marino que, como decían los considerandos de la resolución oficial “simboliza las glorias navales de la República Argentina y cuya vida ha estado consagrada constantemente al servicio público en las guerras nacionales que ha sostenido nuestra Patria desde la época de la Independencia”.

Brown simboliza toda la historia naval argentina.

Dijo sobre él Bartolomé Mitre “No teníamos astilleros, ni maderas, ni marineros, ni nuestro carácter nos arrastraba a las aventuras del mar, ni nadie se imaginaba que sin esos elementos pudiéramos competir algún día sobre las aguas con potencias marítimas que enarbolaban en bosques de mástiles centenares de gallardetes. Este prodigio lo realizó el Almirante Brown en los momentos de mayor conflicto en las dos guerras nacionales que ha sostenido la Argentina”.

Y agregó Mitre en ocasión de despedir sus restos mortales:

“Brown en la vida, de pie sobre la popa de su bajel, valía para nosotros por toda una flota”.

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