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Como uno de los abogados coautores del libro, destaco las características que debemos tener para poder representar de la mejor manera los intereses de nuestros clientes en un proceso judicial en el que se han establecido audiencias orales para resolver los conflictos.

foto libro 2El nuevo Código Procesal Civil ha provocado una transformación que le exige al abogado litigante realizar cambios no solo en la manera de estudiar y plantear el caso, sino también en la de comunicarse con la contraparte y el Juez.

Si bien al iniciarse una demanda o la contestación, y el ofrecimiento de pruebas debe formularse por escrito, la lógica del proceso y de la toma de decisiones ha cambiado tanto, que obliga a pensar de otra forma cómo se va a debatir los hechos controvertidos y a producir la prueba. El rol del abogado, claramente es otro, y el cambio cultural, muy importante.
La oralidad introducida al proceso civil, significa para el abogado la necesidad de contar con capacidades especiales (no requeridas en el proceso escrito) y de utilizar herramientas nuevas que le van a permitir desempeñarse de manera correcta y profesional dentro del proceso, que con su reforma está orientado en buscar soluciones rápidas y de menor costo, en beneficio de las partes y de la sociedad en su conjunto.
Para poder ejercer su labor, el abogado necesariamente requiere contar con capacidades y competencias en distintos aspectos, algunas de las cuales señalamos a continuación:

  1. Oratoria: entendida como el arte de persuadir mediante el uso de la palabra. La expresión verbal y corporal ocupan un rol trascendente en el proceso, y obligan al abogado a contar con bases sólidas que le otorguen la riqueza expresiva y argumentativa necesaria para formular los planteos al Juez, especialmente en las audiencias inicial y final.
  2. Utilización y dominio de la argumentación jurídica: entendida como la capacidad y habilidad para construir y exponer el relato o la tesis de tal manera que se pueda lograr el objetivo de todo proceso judicial que es convencer al Juez, demostrándole que la solución que se propone es la más justa para resolver el conflicto existente entre las partes del proceso.
  3. Aplicación de la lógica formal, para ser capaces de distinguir los razonamientos correctos de los incorrectos, y no caer en falacias que terminen invalidando la argumentación, o haciéndole perder credibilidad al relato.
  4. Capacidad de negociación: el nuevo sistema genera incentivos para la solución alternativa del conflicto, y el abogado necesita estar preparado para afrontar el desafío. Para ello debe realizar una preparación previa, sobre la base de los deseos del cliente, y así conocer la oferta que se piensa proponer a la contraria (generalmente en la audiencia inicial), tener en claro a dónde se quiere llegar, poder prever las objeciones que se recibirán y preparar las correspondientes respuestas, y conocer las alternativas de solución con que cuenta. El cuidado de las formas es fundamental, ya que no se debe atacar ni ofender a la contra parte, y se requiere dejar de lado las emociones para concentrarse en los objetivos finales del cliente. El esfuerzo debe centrarse en encontrar una solución razonable para ambas partes, sostenible a largo plazo.
  5. Capacidad de conciliación. La función del abogado es actuar colaborativamente, contribuyendo en la medida de las posibilidades a solucionar los conflictos y no a ser parte de ellos. Se debe tener un claro manejo del caso pues ya en la audiencia inicial el sistema prevé que se pueda llegar a acuerdos, aún parciales, buscando además encontrar entendimientos sobre hechos que se tendrán como probados, depurar la prueba que sea innecesaria, y fijar un “plan de trabajo” para producir la prueba correspondiente a los hechos controvertidos. Debe tenerse en claro que cada encuentro del abogado con el juez en una audiencia, es parte del proceso de construcción del caso y de su credibilidad y prestigio profesional.
  6. Desarrollar estrategias efectivas para formular correctamente los interrogatorios y objeciones a las declaraciones de testigos y peritos, y formular los alegatos orales. Para ello hay técnicas que deben adquirirse.
  7. Actuar con buena fe: es un requisito esencial para el funcionamiento del nuevo sistema que claramente incentiva los acuerdos conciliatorios, la celeridad de los procesos en beneficios del justiciable y de la sociedad, y la transparencia de las audiencias fortaleciendo el sistema republicano.
  8. Utilizar la “Teoría del Caso” a fin elaborar una estrategia, desde el momento de plantear la demanda o su contestación y hasta el de la audiencia final, con la que se intente cumplir el objetivo final de convencer al Juez de que el “relato o tesis” que se sostiene es el que mejor se adecúa a cómo ocurrieron los hechos y significa además la solución más justa del caso, imponiéndose en definitiva a la Teoría del Caso que pueda plantear la contraparte. Sobre esta herramienta desarrollamos a continuación sus principales características.

 

La Teoría del Caso.

Se trata de un instrumento de importancia fundamental para el pleno desenvolvimiento y eficaz desarrollo del proceso, de acuerdo a los intereses de cada una de las partes. Consiste en el “relato o la tesis” que las partes dan a los hechos objeto de controversia, a su adecuación jurídica y a la evaluación de las pruebas, en busca de ofrecerla al juez como la más justa y mejor solución del conflicto. Representa, en definitiva, lo que se pretende que el juez crea.

Consiste en una herramienta de planeación y ejecución de una acción o defensa, que busca generar en el Juez el “impacto necesario” para probar lo que realmente ocurrió en los hechos.

Una buena elaboración del caso, respetando la teoría, será el centro principal de la actividad del abogado litigante, pues va a proveer un punto de vista cómodo y confortable desde el cual el Juez podrá observar y entender, junto con toda la actividad probatoria, cómo ocurrieron realmente los hechos controvertidos.

Por lo tanto, se debe tomar a la Teoría del Caso, como un “guión” u “hoja de ruta” que le indicará al abogado el camino a seguir, desde el momento en que se toma la decisión de iniciar una demanda o su contestación y hasta el de la audiencia final, con el fin de proporcionar un significado y orientación coherentes a los hechos controvertidos, a las normas jurídicas aplicables al caso, y a las pruebas necesarias para probar la tesis.

El abogado debe contar con destrezas para planificar y preparar estratégicamente la audiencia final, capacidad para obtener e introducir información de calidad de manera efectiva en dicha audiencia, y para hacer un uso correcto de la prueba al momento de presentar los alegatos.

La Teoría del Caso le permite al abogado, durante todo el trámite del proceso, tomar las decisiones pertinentes de acuerdo a la tesis que defiende, y advertir las debilidades propias y de la otra parte.

Elementos de la Teoría del Caso.

1.- Fácticos: se ubican aquí los hechos relevantes o conducentes que deben ser planteados en la demanda o su contestación, y ser reconstruidos durante la audiencia final a través de las pruebas que allí se produzcan. Los hechos contienen el comportamiento, las circunstancias de tiempo, modo o lugar en que ocurrieron, y sus consecuencias, todos los cuales determinan la existencia de un caso que merece ser llevado a los tribunales.

2.- Jurídicos: se trata del encuadre de la historia en la norma jurídica aplicable al caso. Los hechos son abarcados por los componentes de una norma que le otorgan determinados efectos jurídicos. El abogado debe generar un mapa claro de la normativa que se encuentra involucrada en el caso, la doctrina existente y la jurisprudencia aplicable.

Sin embargo, en todo proceso judicial de un lado está el relato de los hechos desprovistos de conclusiones jurídicas, y del otro las normas y teorías jurídicas desprovistas del contenido fáctico específico.

Como un modo de superar esta distancia entre hechos y norma, el abogado debe presentarle al Juez lo que se llama “proposiciones fácticas”. Una proposición fáctica es una afirmación de hecho respecto de un caso concreto, que si el juez la cree, tiende a satisfacer un elemento de la norma jurídica que se debe aplicar para resolver el conflicto.

La proposición fáctica es un elemento legal reformulado en un lenguaje sencillo, que se remite a situaciones de hechos concretos del caso sobre los que un testigo o perito pueden declarar o informar. La prueba va a recaer sobre proposiciones fácticas y no sobre elementos legales. Por ello se debe lograr que las proposiciones fácticas sean suficientemente fuertes, y esto se logra cuando la contraparte no esté en condiciones de dar a esa misma proposición una versión distinta, y al menos igualmente razonable y creíble de los hechos. La suma de proposiciones fácticas probadas, completará el relato o tesis y fortalecerá la teoría del caso que se propone como solución.

3.- Probatorios: Es crucial que cada una de las proposiciones fácticas que conforman nuestro relato o tesis pueda ser probada. Una cosa es la fortaleza o debilidad de la proposición fáctica y otra muy distinta es si se puede probar dicha proposición que forma parte del relato. Si se prueba una proposición fuerte, el impacto en el juez será mayor y la teoría del caso se impondrá por sobre el de la contraparte.

La pregunta que puede hacerse el abogado es: qué pruebas necesito, para acreditar cuáles proposiciones fácticas, que satisfagan qué elementos normativos. La respuesta a estas preguntas es lo que conocemos como “Teoría de Caso”.

Debe tenerse presente que la Teoría del Caso es para el abogado una carta de navegación que debe dominar todo lo que se haga en el proceso, sin desviarse nunca ni hacer algo que sea inconsistente con su teoría del caso. Por ello, todas las proposiciones fácticas que se deben probar en el juicio, toda la prueba que deba acreditar las proposiciones fácticas, todo examen y contra examen de testigos y peritos, y el alegato que se realice dentro del juicio, deben estar al servicio de la estrategia definida con la teoría del caso.

Particularmente, el abogado debe desarrollar capacidades para ser utilizadas en la audiencias orales, y deben centrarse en cómo se produce la prueba testimonial y pericial, a efectos de generar la credibilidad del declarante, que a su vez le permita probar las distintas proposiciones fácticas que integran la teoría del caso, y obtener información relevante para efectuar el análisis de la prueba en los alegatos.

En definitiva, el abogado tiene que ser el mensajero del relato, y para ello debe poder explotar al máximo lo que un testigo o perito pueden aportar al caso. En el proceso oral, la prueba habla a través de los litigantes, y estos pueden presentarla de manera que explote en toda su plenitud la información que posee, o solo haciendo que pase inadvertida ante el juez, o que pierda la credibilidad necesaria para probar los extremos necesarios.

 

BIBLIOGRAFÍA

“Making your case: The Art of Persuading Judges”, Antonin Scalia y Bryan A. Garner, (United States of America: Thomson West, 2008)

“Litigación Penal. Juicio Oral y Prueba”, Andrés Baytelman Aronowsky y Mauricio Duce, Ediciones Universidad Diego Portales (2005)

“La enseñanza del derecho y el ejercicio de la abogacía”, Martín Böhmer, Gedisa (2009)

“Manual de Litigación Civil”, Centro de Estudios de Justicia de las Américas, CEJA (2017)

“El Derecho como argumentación” Manuel Atienza. Barcelona, Ariel, (2006)

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