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En el país en el que parecen haberse puesto de moda las actitudes “borocotianas”, que tanto daño le terminarán causando a las instituciones de la república, se necesita poder contrarrestarlas con una importante claridad en las ideas que sostengan y den preeminencia al sistema por sobre las actitudes de las personas que pretenden conducirnos o representarnos.

Esta afirmación es algo que parece obvio para toda sociedad civilizada, pero que en la nuestra debemos señalar claramente en razón de los acontecimientos que se viven a diario.

Hoy nos encontramos rodeados de actitudes “borocotianas”, y necesitamos imperiosamente volver a empaparnos de las republicanas.

Representantes a los que les da lo mismo ubicarse en una u otra bancada, sin importar qué sector de la sociedad los eligió, o gobernantes que por recibir algún posible beneficio económico están dispuestos a romper con su propio partido político, poniendo todo en riesgo, son las actitudes que terminarán destruyendo las instituciones, y seguirán contribuyendo a la crisis de confianza de la sociedad, que hoy se encuentra cada vez más desorientada.

Entiendo que en la Argentina de hoy, al igual que en Mendoza, debemos volver a debatir ideas en un marco de pluralismo, algo que de un tiempo a esta parte se ha perdido como práctica, y que hoy se profundiza por actitudes como las señaladas anteriormente, en las que importan más los acomodamientos personales que los crecimientos institucionales que beneficiarán, sin dudas, a toda la sociedad.

Por tal razón la defensa de los principios de nuestro sistema republicano se hace imperiosa, ya que en el panorama político presente se vislumbran atisbos ideológicos que resucitan un pasado de desencuentros que los argentinos, que sin olvidar, debemos dejarlos atrás definitivamente.

Demás está decir que adoptar una actitud pasiva frente a tal situación equivaldrá a convalidar un estado de cosas perjudicial al sistema republicano y la forma de vida democrática. Por lo tanto, quienes piensen de forma similar, deben actuar, y lo deben hacer sin importar de dónde vienen, sino hacia donde van, cada uno ocupando en su lugar.

El gobierno nacional es un neto representante de una concepción de retroceso social. Sin un cambio de rumbo, y a pesar de sus logros aparentes, se afectará fuertemente el futuro del país en el mediano y largo plazo. Por su parte, el gobierno provincial, sin una orientación clara de lo que pretende hacer con la cosa pública, se limita a seguir tan temeraria alternativa, a cambio de un supuesto apoyo de la “billetera” que nunca llegará, como se demuestra con el presupuesto 2006 donde se rezaga nuevamente a los intereses de Mendoza. Cabría agregar que de producirse el milagro, y el Ejecutivo Nacional cumpla sus promesas, el costo para la provincia sería el de la sumisión al poder central, algo muy perjudicial hacia adelante.

Frente a tal tremendo desconcierto que nos lleva el gobierno de la improvisación, debemos dejar establecidos algunos principios sin los cuales no podremos encaminar al país y a la provincia, que los resumo en cinco puntos, a los que podrá sumarse otros:

1) La aplicación de los principios políticos que dieron base fundacional a nuestro país, como la libertad, la justicia, la solidaridad, y el bienestar, plasmados claramente en nuestra Constitución Nacional, punto de partida del progreso argentino. No podrá funcionar ningún país que se aleje de los mismos.

2) El Estado debe asegurar la plena vigencia de los derechos de las personas (civiles, políticos y sociales), evitando el abuso de poder, promoviendo el desarrollo integral y sostenido de la sociedad, en procura de  mejorar la calidad de vida de todos los ciudadanos. No se debe coartar la iniciativa privada, dejando hacer todo lo que los particulares pueden hacer, asegurando a todos iguales oportunidades. La libre iniciativa es el factor eficaz del progreso material. El Estado, sin rehuir a cumplir su rol, debe evitar caer en la tentación asistencialista elaborando políticas que tiendan a la generación de trabajo genuino. La dignidad de la persona humana y sus derechos deben ser el eje central de toda decisión política. El hombre es el fin y fundamento de todas las actividades e instituciones sociales y no un medio al servicio de nadie, ya que es anterior y superior al Estado.

3) La defensa irrestricta del sistema democrático, republicano, representativo, y federal como integrador de los distintos sectores de la sociedad, que garantiza un estilo de vida pluralista y civilizada. La rotación del poder y la renovación de nuestros representantes mediante una actitud responsable, deben ser la base de su funcionamiento. Los políticos y la política deben servir a la comunidad y no servirse de ella. La sociedad argentina necesita hoy más que nunca conductas civiles ejemplares.

4) El reconocimiento que la Argentina y Mendoza necesitan hoy fuertes inversiones de capital, así como hace décadas se necesitó población y educación. A la inmigración le siguió la educación del soberano, y ahora necesitamos contar con inversiones materiales sostenidas en el tiempo para beneficio de todos, reconociendo que el desarrollo no es espontáneo, desalentando la especulación financiera, estimulando la productividad y la eficiencia.

5) Debe haber un diálogo civilizado como gestor de las bases necesarias para que la sociedad asegure mejores condiciones de bienestar y de vida. Por eso sostengo que hoy no se puede gobernar si no aplicamos verdaderas políticas de Estado respecto a los temas centrales que necesita nuestra sociedad. Se debe acordar con las diferentes fuerzas políticas objetivos que sean comunes para la sociedad y fundamentales para su desarrollo, cuidando con esos temas no se haga política partidista para intentar obtener una ventaja. Temas como la educación, las políticas sociales, la seguridad y el desarrollo económico deben ser tratados de esta forma.

 

En síntesis, la sociedad necesita contar con estadistas (término que nos parece tan lejano y olvidado en la actualidad), es decir, con personas de estado que estén dispuestas a entregar todo a favor del fortalecimiento de las instituciones, que vean más allá del presente, y que tengan un plan hacia el futuro; y no gobernantes que privilegien día a día las diferencias existentes entre los ciudadanos, que impulsen conflictos institucionales hasta niveles impensados, que busquen el desborde permanente del poder, la hegemonía, que les importe más ganar elecciones que gobernar para el pueblo, y que piensen en más ellos y en sus privilegios, que en el beneficio del ciudadano al que gobiernan.

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